La perla del sur de Francia: Montpellier

La costa sur de Francia está llena de ciudades con una enorme oferta cultural. Son pequeñas, y aunque son diferentes a primera vista, en su esencia son muy similares.   Y en esa hilera de ciudades hermosas tenemos a Montpellier, a tan solo 10 km de la costa del mar Mediterráneo, y que forma parte de ese grupo de lugares que uno no puede dejar de visitar en la costa francesa, tan llena de glamour, historia y aire medieval.

Esta ciudad está llena de estudiantes, y amantes del arte. La imponente catedral gótica de San Pedro de Montpellier, conocida por sus torres cónicas, data del año 1364. Está en una urbanización elegante y moderna con un diseño neoclásico. Las pinturas de los Maestros Antiguos franceses y europeos se exhiben en el Museo Fabre.

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En Montpellier da gusto caminar, es una ciudad antigua pero muy vibrante porque hay mucha juventud en sus calles. Hay arte callejero que hace de las tardes un tiempo muy ameno. La Place de la Comédie que es el corazón de Montpellier, está siempre lleno de gente, y es de forma ovalada. Corazón latente de Montpellier, la plaza de la Comedie es EL lugar ineludible de Montpellier, constituye uno de los espacios peatonales más amplios de Europa, dominado por la ópera Comedie. En el centro, se encuentra orgullosamente ” les 3 grâces “, estatua-fuente creada en 1773. El lugar ideal para ver la ciudad vivir, y animarse.

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Un museo para visitar sin poder obviarlo porque además está considerado como uno de los museos más hermoso de Bellas artes en Europa, es el museo Fabre de Montpellier Mediterranee Métropole es un monumento de excepción que mezcla estructura antigua y moderna. Acoge obras europeas del Renacimiento hasta nuestros días, y dispone de un ala totalmente dedicada al artista contemporáneo Pierre Soulages. El museo ineludible de la ciudad.

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Si hablamos de ciudades con aire medieval, Montpellier se pone a la cabeza de la lista; posee numerosos callejones medievales, símbolos de su orgulloso pasado. Calle de Valfère, calle del bras de fer, calle de l’Argenterie trasladan a una época antigua, una sensación de estar en otro lugar, en otra época.

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Todo invita a perderse en estas calles estrechas, y viajar en el tiempo.

Puertas macizas, patios anchos y alumbrados, escaleras a balaustradas de hierro forjado, Montpellier cuenta cerca de 80 hoteles particulares edificados en la época clásica.

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Detrás del museo se puede llegar al centro histórico de Montpellier y descubrir alguno de los lugares más destacado como la Plaza Saint Roch, que luce un espectacular en una de las fachadas que la circunda; la espectacular catedral gótica de Saint Pierre; o la calle Foch que lleva al arco de triunfo construido a finales del XVII para sustituir una puerta de la muralla.

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Montpellier puede presumir tener la facultad de medicina más antigua del mundo y una de las universidades con tradicionales de Francia donde estudiaron personas ilustres como Nostradamus, Arnau de Vilanova o Ramon Llull, entre otros. En la actualidad, el antiguo colegio real de medicina acoge La Panacée, un centro de cultura contemporánea donde se encuentra el arte y la creación en una mezcla de diferentes disciplinas artísticas.

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Es un espacio de vida y de experiencias artísticas donde viven y discuten los artistas, el público y los estudiantes que residen aquí y en el que además se pueden descubrir las propuestas gastronómicas del Café de la Panacée, al frente del cual se encuentra el joven cocinero catalán Benji Vicens.

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Montpellier ha conocido un fuerte desarrollo urbanístico y se han construido barrios nuevos que han acercado el centro de la ciudad al mar. Uno de ellos es Antigone, edificado en los años ochenta y que une el casco antiguo con el río Lez, que desemboca en el Mediterráneo en menos de ocho kilómetros.

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Otras de las zonas nuevas de Montpellier son la futurista Odysseum y Port Marianne, que destaca por dos proyectos muy singulares: la tienda de muebles y accesorios RBC Design Center, de Jean Nouvel, y el magnífico y colosal edificio del ayuntamiento proyectado también por Nouvel y el arquitecto local François Fontès.

Es una ciudad para caminar, disfrutar de la tranquilidad de las ciudades pequeñas y no tan concurridas. Aproveche cada segundo, hay que ver todo.